Para Los Matrimonios, He Aqui 5 Reglas De Oro Del Amor Duradero

Para los matrimonios, He Aqui 5 Reglas de Oro del amor duradero

En los 25 años que llevo dando terapia conyugal he atendido a cientos de personas decepcionadas de sus relaciones. He visto la pasión trasformarse en ponzoña. He compartido con mis pacientes su dolor por el amor que perdieron o que nunca encontraron.

 

Por Ejemplo:

 

“Parecía que nos amábamos mucho, pero ya no queda nada”, se lamentó una mujer. ¿Por qué me siento tan sola por la noche, aunque él esté junto a mí? ¿No puede ser el matrimonio algo más que esto?” Si puede serlo. Me consta que es posible amar profunda, tierna y perdurablemente. He visto esa clase de amor y yo mismo la he experimentado. He aquí las reglas que, según lo que he observado, rigen las relaciones duraderas:

 

1. Dediquen tiempo al Amor:

 

Un matrimonio feliz comienza cuando dos seres consideran que lo más importante del mundo es el tiempo que pasan juntos. Si queremos amor, debemos reservar un tiempo para amar. Para que el matrimonio dure, tenemos que superar el egocentrismo, pasar de “mi realización” a “nuestra realizacion”. Hay que dedicarle tiempo al amor.

 

Numerosas parejas han experimentado algún momento trágico que los llevó a valorar el tiempo compartido. Un hombre contaba que, en un accidente, se quedó atrapado dentro de su automóvil, mientras su esposa lloraba y golpeaba la ventanilla desde el exterior. “Creí que me iba a morir sin haber convivido con ella lo suficiente”, me confió. “Entonces me prometí dedicar tiempo a amar a mi esposa. Y a la fecha defendemos a capa y espada el espacio que hemos apartado para nosotros; esas horas son sagradas”.

 

2. En los momentos Dificiles, sean como uno solo:

 

Una noche, poco después de que un matrimonio salió de mi consultorio, oí un ruido que parecía un disparo. Miré por la ventana y vi a mis pacientes retroceder hacia su auto, mientras que a la luz de un farol de la calle se dibujaba la sombra de una figura corpulenta. Aferrándose el uno al otro, marido y mujer siguieron retrocediendo, pero la figura apretó el paso en direccion de ellos. Los cónyuges se tomaron de la mano y corrieron a su vehículo.

 

Marqué de inmediato el número telefónico de seguridad, y en eso pude advertir que la figura era uno de nuestros guardias. Después supe que el “disparo” había sido un ruido ajeno a mis clientes, pero ellos lo ignoraban. Al igual que los animales de una manada, habían reaccionado ante el peligro acercándose para formar una especie de “círculo marital defensivo”. Se habían vuelto uno ante la amenaza.

 

3. Mírense con Amor:

 

La manera en que vemos a nuestro cónyuge depende más de cómo somos nosotros que de cómo es él o ella. Nuestro cónyuge es nuestro público, sino un observador partícipe de nuestra vida.

 

4. Intenten ver las cosas desde otro Punto de Vista:

 

“Andas muy equivocado” Le reclamaba a su esposo una mujer. “mi madre se ha portado como una santa con nosotros, y tú hablas de ella como del demonio” !Calla, mujer! Replicaba el otro. Cualquiera que tenga dos dedos de frente se dará cuenta de que tu madre es una pesadilla.

 

Este caso ilustra la manera en que algunas personas se pasan todo su tiempo tratando de modificar las opiniones de su cónyuge. Los individuos que construyen matrimonios sobre cimientos de amor duradero parten de la premisa de que hay muchas realidades. Entienden que su punto de vista no es el único. Cuando la pareja de marras comprendió que no existe una sola realidad, sus problemas se resolvieron.

 

Efectivamente, mi madre nos da dolores de cabeza, pero también es tierna y amorosa, admitió la mujer. Como dijo un hombre refiriéndose a su esposa: “Ella se encarga de abrirme los ojos para que vea lo que ella ve. Y viceversa. Entre los dos nos formamos una opinión totalmente distinta de la que cada uno tenía por separado”.

 

5. Antepongan el Bienestar del otro:

 

El amor emana una especie de energía curativa. Quien sabe amar aprende a percibirla, enviarla y cultivarla. El amor nos infunde energía si destinamos nuestra energía a amar.

 

En cambio, de los conflictos que se suscitan cuando dos personalidades chocan surge una energía negativa. Cada vez que veo venir a una pareja me dan ganas de gritarles: “!Maduren, por favor! !Dejen de pelear y comiencen a amar!” Es mejor aprender a quererse que a pelear. No busque ser usted el vencedor; el que debe imponerse es el matrimonio.

 

Fuente: Federick Haegel, Terapista Conyugal