Como Perseguir Metas Bien Definidas En La Vida

Persigue tus meta con inflexible congruencia. Hace algunos años examiné los motivos del fracaso personal y profesional, y descubrí que una de sus causas principales es el comportamiento autodestructivo: Pensamiento y acción incongruentes con los objetivos personales. Podemos poner el ejemplo del vendedor que sueña con progresar pero se comporta de un modo grosero con sus clientes, o el de la persona que necesita un empleo pero se pasa el tiempo frente al televisor.

Hace varios años decidí ser mejor escritor. Durante meses leí libros que ofrecían consejos para escribir bien. Hablé con buenos escritores. Me imaginé como un autor de éxito. Pero no estaba dando el paso más importante: escribir. Cuando por fin me di cuenta de que mi comportamiento era incongruente con mi objetivo, volví a tomar la pluma.

La diferencia más grande entre la gente que alcanza el éxito y los que fracasan no suele ser el talento, sino la persistencia. Mucha gente brillante se da por vencida. ¿Quién quiere correr el riesgo de recibir un golpe tras otro? Sin embargo, la gente más exitosa no se da por vencida. Muchas veces se ha dicho que lo que distingue a los triunfadores de los perdedores es que los primeros se levantaron una vez más de las que se cayeron.

Una mañana, de camino a mi trabajo, me encontré a Daniel Ruettiger, quien ahora se dedica a ofrecer charlas de motivación. “Rudy” se crió en Joliet, Illinois, donde oyó tantas historias sobre la Universidad de Notre Dame que empezó a soñar con ir allá algún día a jugar al futbol americano. Sus amigos le hicieron ver que no era tan buen estudiante ni tan buen atleta para que lo admitieran, así que renunció a su sueño y entró a trabajar en una planta de electricidad.

La muerte

Cierto día, uno de sus amigos murió en un accidente de trabajo. La impresión que esto le produjo a Rudy fue tan fuerte que de pronto tomó conciencia de que la vida es demasiado corta para postergar la realización de los anhelos.

En 1972, a los 23 años, se matriculó en el Colegio Superior Holy Cross, de South Bend, Indiana. Obtuvo calificaciones lo suficientemente buenas para ser admitido en Notre Dame, donde finalmente logró que el legendario entrenador Ara Parseghian lo invitara a formar parte de su equipo como miembro del grupo de jóvenes que ayudan al equipo de primera fuerza a prepararse para los juegos.

Rudy estaba viendo realizado su sueño… o casi. Si bien al entrenador le gustaba la actuación de Ruettiger, no fue sino hasta el año siguiente, después de que Parseghian se marchó, cuando a Rudy se le permitió ponerse el uniforme para el juego final, aunque la intención era que se quedara en la banca. En eso, un muchacho que estaba en las graderías comenzó a gritar: “¡Queremos a Rudy!” No tardaron en sumársele otras voces. Por fin, a los 27 años, y a 27 segundos de que terminara el partido, Rudy Ruettiger entró en el campo de juego, y dio lo mejor de sí en las dos últimas jugadas.

Sus compañeros de equipo lo pasearon en hombros por todo el campo. Diecisiete años después lo volví a ver en el estacionamiento del estadio de Notre Dame, donde un equipo de camarógrafos filmaba escenas para Rudy, una película sobre su vida. Su historia es un buen ejemplo de que no tienen límite los lugares adonde podemos llegar a través de nuestros sueños.

Fuente: Tom Morris, profesor de filosofía. Universidad de Notre Dame, en Indiana.

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